Muchas ganas, pero poco que decir
Hoy me siento nuevamente en mi silla, cabizbajo, intoxicado por los humos lacrimosos que aún escabullen la rendija. Me toca adentrarme en una cárcel de conflictos, aturdida de necias posiciones. Hay quienes venden su alma por estar en mis zapatos, les compraría, pero ya con esta que llevo a cuesta se me hace suficiente. En esta penitenciaria vertical, forradas con fina madera, es fácil distraer los sueños y terminar por confundir los medios con el fin. Estoy aún en el camino, mas afuera que cuando entre. Mis retazos buscan armar nuevamente mi figura, devolver su ingenio coherente. Poco falta, menos de lo que he perdido, pero pronto nuevamente a descubrir mi sortilegio.
