Ricardo Arjona, Parte I
A Ricardo Arjona lo conocí una tarde calurosa, por allá en alguna habitación de mi casa anterior, cuando mi madre buscando un acercamiento, o mejor dicho un punto de tregua en nuestros dispares gustos musicales, tuvo el detalle de ponerme a escuchar una canción que de seguro me parecería interesante. Dicha canción era Señora de las cuatro décadas.No recuerdo exactamente cual fue mi veredicto, pero si puedo asegurar que fui amable y no desprecie por completo la opción. Creo que incluso admití que la música iba por un camino hacia el pop y que la letra tenía algo de la trova, que paralelamente estaba comenzando a descubrir. En aquellos días de lluvias no esperadas, andaba escuchando muy afanadamente un casete (sonotek, recuerdo) de Silvio Rodríguez, de sus días y flores, del cual me gustaban casi todas las canciones. Mi madre, aprovechando esa coyuntura del molesto Rock (por generalizar), quiso crear un espacio musical un poco más participativo y un tiempo después, coloco un CD con el resto de las canciones que pertenecían a aquel “trovador” que hace unos pocos días, había tenido el “placer” de escuchar. Era un grandes éxitos creo, pero no uno de disquera, sino de esos donde los empresarios de la quema de cd, comparten sus gustos y acomodan las canciones de la manera en que ellos lo prefieren.
Ese momento fue un viaje vertiginoso de lo normal a lo intolerable, canción tras canción me iba inmiscuyendo en un camino nuevo para mi, de rimas, paráfrasis, metáforas, símiles, onomatopeyas y cualquier cantidad de recursos del lenguaje que hacían o deshacían lo que el llamaba canciones. La música no escapaba de este juicio, esta a su manera se iba repitiendo con algunas variaciones en cada track, haciéndome caer muy rápido en cuenta que había una formula bien marcada en cada acorde de la secuencia musical.
Jesús es verbo no sustantivo, fue mi punto de quiebra para radicalizarme y a partir de ahí pensar en comprar un discman con el cual escuchar la música que me gustaba, y no tener que pagar la cuota que era oír esta parodia sonora. Desde el título de la canción ya me sonaba a burla, primero pensé: ¿Cómo se conjuga este verbo?. Luego al poner atención en la letra, especulé que estaba escuchando una da las canciones del padre Alberto, de las que ponían en una iglesia evangélica llamada la piedra angular, hoy conquistada como franquicia de la oración fuerte al espíritu santo. Pero no! era letra escrita por un trovador urbano que a pasos vertiginosos se estaba apoderando de las carteleras, para la desgracia de todos los que no sucumbimos rápidamente ante letras tan fofas y preconcebidas dentro del esquema simplista de tratar de reescribir lo que se ha escuchado y reconstruirlo en una nueva obra. Cabe destacar, que de esta canción lo peor era el arreglo musical.
De este tema, el cd no paso. Fui franco con mi madre en explicarle porque no podía seguir escuchando otra canción de este chupacabra, lo digo por guatemalteco y falso, pero mi sorpresa fue el estar unánimemente de acuerdo, y gracias a este concilio, Ricardo Arjona no fue reproducido un instante más en nuestra casa.
El chupacabra también se caracterizaba por ser un animal nocturno, ¿o no?
