Momento Kodak

Variadas consideraciones se pueden desprender de la fotografía con la que el audaz Kevin Carter ganará el premio Pulitzer del año 1994 en el momento más cumbre de su carrera como fotógrafo. Mucho se especula sobre su inesperado suicidio ya que sucedió sólo 4 meses después de la entrega del premio. Hay quienes aseguran que esta polémica fotografía fue el causante de su precipitada desaparición a los 33 años de edad. En varias ocasiones declaró que se avergonzaba de si mismo, y que aborrecía esa fotografía. Pero este encuadre (tan vil para algunos y hermoso para otros) de una realidad tan destellante fue la que le consiguió ganar el mencionado premio.
La suma de lo inhumano: en primer plano un niño(a) sudanés está doblado sobre la tierra, casi moribundo, a causa del hambre. Unos metros más allá, un buitre observa con serena impaciencia el desenlace del drama para iniciar el banquete. Unos metros más acá, donde comienza la imagen, Kevin Carter con su reflex en el ojo, universaliza el momento, interviniendo como un complice más del suceso, no como culpable.
El fotógrafo en su perenne expectación pertenece a la realidad que observa, la modifica se introduce como un elemento adicional. Es incuestionable su posición inmoral ante este reto, pero cómo desperdiciar un momento casi único que trasluce la realidad misma que se vive en aquellos lugares.
David Suárez escribió: “El encuadre de Kevin Carter es el mismo que el del ave de rapiña que espera impaciente la muerte del niño. Son dos testigos de una misma agonía: para el buitre, el plato a devorar; para el fotógrafo, es la imagen maldita de la muerte del hombre, de todos los hombres”.
