José Rafael Pino Carrasquero (A.K.A pino).
Son contadísimas las personas que se refieren a mi utilizando cualquiera de mis otros nombres que no sea mi primer apellido, entre estas mis mamás, mis papás, es decir mis más cercanos allegados. Aunque Cecilia no lo hace (mi esposa) y ningunas de mis novias o arrejuntes anteriores tampoco lo hicieran; para ellas también, todo se concluía en pino.
Durante toda mi vida de estudiante siempre me llamé pino, así de simple para l@s profesor@s y compañer@s de clase, pero esto era más comprensible puesto que comúnmente se usaba el apellido como medio de referencia hacia cualquiera. Aunque en el caso de los pocos con los que mantuve contacto al graduarnos o separarnos del medio colegial en el que nos relacionábamos, todos pasaron a tomar sus nombres o algún novedoso sobrenombre, aunque yo siempre me quede siendo pino, no hubo cambio mayor en mi caso.
En el trabajo, soy pino y lo interesante de esto es que es algo natural y espontáneo puesto que yo no me ando presentando como “Pino”. Puede que de la mano y diga: José mucho gusto, ó José Pino mucho gusto. Siendo esto así en todos mis trabajos, es decir llamarme de otra manera caduca más o menos a la semana, para luego ir indetenidamente a la síntesis del pino.
Me gusta, no lo voy a negar, aunque con esto sé que dejo de lado el oficio creativo de mi madre al nacer, al tener que fabricarme un nombre. Todos los que me conocen echan tierra sobre esto, al convertirme en un único vocablo.
José Rafael no era el nombre que iba a llevar, era Julio Cesar (bueno por lo menos ambos comienzan por “J”) pero por algunas circunstancias inesperadas del destino mi abuelo murió el mismo día que yo nací con algunas horas de diferencias y se volvió semánticamente obligatorio para mi abuela bautizarme con su primer nombre como mínimo. Así fue, de allí el José. El Rafael es el primer nombre de mi padre biológico, de quien creo haber heredado de su ADN mucho de mi físico y cierta incapacidad de ser llamado por un nombre, nadie se refiere a el de otra manera que no sea pelón. Su esposa en ciertas ocasiones cuando es obligatorio conferirle respeto lo hace, pero ni mi hermano ni yo, ni todos sus compadres lo llamamos por su nombre castizo: Matías Rafael.
Otra casualidad importante en esto de no existir con nombre propio se desprende de la segunda persona con la que mi mamá decidió pasar su vida en pareja. Increíblemente se llama José Rafael como yo. Para muchas personas 2 + 2 son cuatros y sí se llaman igual entonces llevan la misma sangre, suposición que no me molesta en lo absoluto. Igual que a pino y a pelón pocas personas se refieren a el de otra manera que no sea “morocho” y lo particular de esto es que a su hermano, el que al convivir junto a el 9 meses en el mismo vientre lo convirtió en un morocho todos lo llaman “Juan”.
