El pez que fuma. El Sábado pasado en la noche, por telesur.
Al fin logré ver esta película en forma consciente, a diferencia de la primera vez que parcialmete la vi entusiasmado únicamente por el deseo hormonal de encontrar en alguna de sus escena, un semidesnudo o desnudo completo, o por lo menos un seno, o una nalguita que se le escabullera a la censura presente en el cine nocturno de los 90, que me facilitara o justificara la práctica de mis artes masturbatorias, tan frecuentes durante mi pubertad. Hoy días las razones que me entusiasmaron para pasar algunas horas del sábado en la noche viendo con atención esta película venezolana, fueron otras. El pez que fuma, aparece dentro nuestra desnutrida lista de producciones cinematográficas hechas en el distante siglo XX, como una de las obras más iconoclastas e importante del cine criollo. Por ello, me pasé unos cuantos años luego de experimentar que el sexo es más divertido que la masturbación, tratando de pescar esta variedad de pez gato que vendría siendo el pez fumador y – con mucho anhelo – entender su inagotable vigencia como referencia obligatoria a la hora de hacer, o por lo menos hablar del buen cine venezolano.
Acerca de la película
Sigo sin entender bajo que formula métrica se construye la regla con la que medimos nuestro cine. El pez que fuma no es una mala película a decir verdad, pero dista mucho de ser extraordinaria como sobre ella he escuchado decir.
Esta consta de una trama bien sencilla y poco original para la época. A decir verdad en los años 70, los mejicanos saturaron el mercado cinematográfico con infinidad de películas burdeleras o burlescas – como ellos las suelen llamar – bien similares al Pez que fuma. Si bien esta saturación y repetición del argumento no es culpa de la película en cuestión, supone una falta de creatividad nuevamente para los guionistas venezolanos, ya que antes del pez que fuma habrán como 200 películas sobre putas, padrotes y delincuentes y posterior a ella, unas 1000 más.
Lo más notable de esta película es el presupuesto que costeó sus gastos de producción. Grúas, rieles, muchos exteriores, tomas desplazadas en movimiento etc. demuestran que en los 70 habían petrodolares hasta para hacer películas, pero con todo y el derroche no veo que el resultado sea extraordinario.
Ya sea por el dinero o la época cabe destacar que las actuaciones no son del todo malas. En la película participan Robert Redford, perdon Miguel Angel Landa, Orlando Urdaneta – sí Miguel Angel Landa es el Robeert Redford Criollo, Orlando Urdneta sería ¿Quién? ¿Paul Newman? o mejor ¿Charlton Heston?. Volviendo al punto de los actores, también hacen compañía Hilda Vera y sus nalguitas descoloridas junto a la Sexy Haydée Balza. No es que todo tiempo pasado sea mejor, pero hay una diferencia notable entre el común de las actuaciones de esa época y las de ahora, de las que si se puede afirmar con mucha certeza que, salvo Mariano Alvarez, los actores de ahorita ... ¿son actores?.
El cine nacional es un registro fidedigno de que Venezuela es un país de extremos. En general no hay actores preparados exclusivamente para trabajar en el cine, o son prestados del teatro, o vienen de las telenovelas. Generalmente el actor de teatro - mejor que el de telenovela - sobreactúa, es decir, actúa demás. El actor de novelas es todo lo contrario, no actúa.
La mayor deficiencia de las actuaciones en el Pez que Fuma radica en lo inverosímil que son sus coños. En el guión no deben haber menos de 60 coños, de los cuales Miguel Angel Landa dirá al menos más del 60% y el otro 40% se lo quitan a mordiscos tanto Orlando Urdaneta, como las damas del burdel.
El arte del buen coño.
Los coños son una muletilla muy frecuente en el guión criollo, a veces aparecen incluso sin tener conexión con el resto del diálogo, ni con la situación. El coño es un término bien difícil de mentir, y de eso los venezolanos sabemos de sobra. Podemos intuir cuando un coño es de mentira, o no es sentido. Darle una definición única al coño dentro del diccionario venezolano es imposible en vista de sus múltiples y contradictorias acepciones. Existe el coño de arrechera, como el coño de alegría, o el coño de machucarse un dedo, e incluso existe el coño de tristeza. Los coños de Miguelete son falsos y artificiales , estos no poseen un carácter claro que permitan precisarnos como espectadores si está arrecho o está contento. Entender el porqué del coño en la actuación de Miguel Angel Landa en el pez que fuma, es tan difícil como sobreentender a base de gestos lo que siente un individuo que se afeite las cejas.
Cosas buenas del Pez Fumarola.
Las locaciones, las nalgas blanca de Hilda vera dentro de su piel morena, Caracas sin buhoneros, Orlando Urdaneta haciendo de actor y no de politólogo, las ubres de la sra. Balza, la dimensión latina y vladimir, el Caracas Hilton.
Lo malo.
Para nuestra suerte el Pez que fuma no es la mejor película venezolana. Es una película normal, como cualquiera de las muchas de su tipo. Con algunas cosas interesantes si, pero sin llegar a términos de lo extraordinario. Como siempre es de las tantas obras cinematográficas venezolanas que suenan mejor cuando son contadas o explicadas por su director, o por los jalabolas tradicionales del cine nacional, que siempre valorarán más la proeza y el sacrificio de ser cineasta en la tierra de Bolivar que el sentido o la calidad de la película en si.
